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¿Está bien cantar covers?

En el Día del Autor y el Compositor, una reflexión sobre el abuso de los covers y la falta de identidad en las canciones de cuarteto.

En los últimos años hay una discusión que copa el ambiente del cuarteto: los covers.

“Ni un tema propio”. “No se les cae una idea”. “Ya no es como antes”. Son algunos de los comentarios que abundan en las redes cada vez que una banda estrena una canción que no es suya.

Ahora las preguntas son: ¿Es algo nuevo en este género? ¿Está mal cantar un cover?

Vamos respondiendo de a una.

Basta con repasar un poco la historia joven del cuarteto, que está cerca de llegar a los 80 años, para ver qué cantaban los primeros artistas.

Hacer covers no es algo nuevo

Históricamente desde sus inicios el cuarteto interpretó piezas del cancionero universal. Las primeras bandas, que nacieron como reducciones de la orquesta típica, hacían versiones de piezas del tango, temas del folklore, paso doble y tarantelas. Los llamados “cuatro grandes” de los ‘70 (Cuarteto Leo, Cuarteto Berna, Cuarteto de Oro y Carlitos Rolán), tenían compositores entre sus filas, como Leonor Marzano, Miguel Gelfo, Aldo Kustin, el mismo Rolán, Bernardo Bevilacqua, Rogelio Campana, entre otros.

Pero también llenaban sus repertorios con canciones mundialmente conocidas, como es el caso de Yo renaceré. Uno de los temas más conocidos de la formación más actual La Leo, es una versión del clásico italiano compuesto en 1980 por el italo-francés Riccardo Cocciante, y ha sido interpretada por muchos artistas en el mundo.

Esta línea se acentuó en los ’80, con Chébere y Trulalá. Las dos grandes bandas escuela que reinaron el género por dos décadas, con sus distintas derivaciones, combinaron sus repertorios entre los covers, influenciados fuertemente por los ritmos caribeños de Centroamérica, México y la música española, pero también contaban con muy buenos músicos que componían para ellos.

Para ilustrar, podemos indagar fácilmente en la versión original de Leña seca, uno de los éxitos más fuertes que tuvo Chébere, en la voz del Toro Quevedo, que forma parte del cuarto disco de estudio del mexicano Manuel Mijares.

Y no quiero dejar afuera a La Mona Jiménez, que en su extensa discografía de más de 90 discos hay una gran cantidad de canciones mexicanas y, sobre todo, españolas. Sin embargo, el Mandamás se ocupó de nutrir a sus discos de historias de compositores cordobeses, que escribían a pedido, para que las cante Jiménez y las convierta en hits. El ejemplo más obvio es Marcos Bainotti, que hoy es reconocido por el público como una de las mejores plumas de nuestra música, pero también está Pipino Moreno, Rafael Juncos, Jorge Villarreal, entre otros.

Este breve y escueto repaso, que no es para nada exhaustivo, nos sirve para entender que el problema de las bandas de hoy no es que hagan muchos covers sino que antes no existía internet, por lo que era más difícil darse cuenta que un tema no era propio si no sonaba como un hit en la radio.

Es cierto, de un tiempo a esta parte, el cuarteto abusó extremadamente de este recurso. El 90 por ciento de las canciones comerciales del género que se estrenaron en el último año, son covers, lo que demuestra que en los últimos años hay una pobreza en el cancionero cuartetero.

Hecho por y para

Vamos con el segundo interrogante. ¿Está mal cantar temas hechos por y para otros artistas?

La historia de la música universal demuestra que las canciones son de cualquiera que quiera cantarlas. El asunto creo que está en el nivel de originalidad que quiera proponer cada artista.

No es lo mismo hacer un cover de un cantante que está de moda, que suena todos los días en la radio, como puede ser en este momento Camilo, que adaptar un tema desconocido al oído de estas tierras. Tampoco es lo mismo cantar sobre irse de fiesta a Miami y bailar con las olas del mar, cuando estás en la provincia más mediterránea del país. Y todo eso mientras te proclamás representante de la música popular de Córdoba.

La música es fundamentalmente un negocio, y lo comercial te obliga a producir, porque necesita resultados rápidos, a corto plazo. Y en el cuarteto, que tiene un ritmo de shows vertiginoso, este círculo vicioso se acentúa. Todo el tiempo tenés que estar proponiendo algo nuevo para ganar la carrera al otro.

“El cover se presenta como una fórmula mágica del éxito instantáneo”

Hacer una canción no es solo agarrar un lápiz y escribir, ese es solo el primer paso. Antes de salir, necesita de varias orejas que la escuchen y atraviesa distintos filtros que la depuran. Ese proceso tiene que ver con lo artístico pero también con lo comercial, un camino largo de producción que lleva un tiempo hasta llegar al resultado final.

El cover lo que hace es ponerte en la oreja de la gente rápidamente y saltear algunos de esos filtros. Las canciones ya están probadas y funcionan en otros géneros, solo resta adaptarlas en otro ritmo.

Además, cuando el cover pega, se convierte en la fórmula del éxito y genera un vicio. “Hagamos esto que funciona”.

El problema es la falta de identidad.

Cuando todos cantan lo mismo

En enero del 2022 se realizó el Cosquín Cuarteto, donde participaron 19 bandas. Según datos de la página de Instagram Cuartetología, que realizó un “ranking de repetidos”, en las dos noches sonó seis veces Universo paralelo, la canción de Nahuel Pennisi que popularizó La Konga y se convirtió en un hit durante el verano.

Cuatro grupos cantaron Pepas, el hit de Farruko que se encargó de cuartetear Q’Lokura. La misma cantidad de veces sonó El parrandero, un clásico de Los Palmeras que también fue grabado en colaboración de La Mona Jiménez.

En el ranking de “los repetidos” hay cinco canciones más que sonaron tres veces en todo el festival: Dueles, Sobrio, Confesión, ¿Quién se tomó todo el vino?, y La pupera.

A esta lista, se le agregan 21 canciones que fueron repetidas al menos por dos grupos.

La pregunta es a qué se debe esta pobreza de contenido original en los grupos. ¿No hay compositores?

División de derechos de autor (intelectuales y económicos) a la fuerza, falta de control de Sadaic sobre las planillas en los bailes y el retraso respecto a lo digital son algunos de los motivos que expusieron una mesa de compositores formada hace un año por Cuarteteando, donde por primera vez los autores alzaron la voz sobre una problemática históricamente callada, pero que se repite hace años.

Todo eso aumenta el desgano de muchos artistas del lápiz, que prefieren vivir de lo ya escrito antes a que se sigan apropiando de su trabajo.

Y en este panorama tan oscuro para la composición, el cover se presenta como una fórmula mágica del éxito instantáneo.

Fuente: El Doce

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